Encuestas. Encuestas everywhere…

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En un corto periodo de tiempo hemos vivido un ciclo electoral especialmente convulso. Pocas veces nuestra joven democracia vivió tantos comicios electorales en tan corto espacio de tiempo. Entre mayo de 2014 y septiembre de 2016 en nuestro país se han producido 8 elecciones (europeas, andaluzas, municipales y autonómicas, catalanas, dos elecciones generales, vascas y gallegas), sin contar otros comicios internacionales de gran interés y con resultados sorpresivos para la mayoría de los “analistas” (Brexit, elecciones presidenciales en EE.UU., referéndum por la paz en Colombia, referéndum constitucional en Italia, etc.). Y si hay algo que caracteriza a los periodos electorales son las encuestas. En estos dos años hemos podido ver multitud de encuestas y sondeos en todos los medios. Parece ser que ha sido una buena época para las casas demoscópicas.

Las hemos tenido a todas horas, en todos los medios, y también de todos los gustos y colores. Pero las encuestas no han estado ahí siempre. No fue hasta 1952 cuando aparece la primera encuesta de ámbito estatal elaborada de forma específica para estudiar unas elecciones. Se realizó en Estados Unidos, y fue el NES (National Election Study).

Que se publiquen tantas encuestas no es algo baladí, puesto que las encuestas generan diferentes efectos entre los electores a la hora de emitir su voto. Los dos efectos más conocidos son el efecto underdog y el bandwagon.

El efecto underdog. La teoría nos dice que bajo el efecto underdog se produce una movilización de votantes en favor de la candidatura que, según las encuestas, perderá.  Esto se produce porque una parte del electorado se solidariza con el perdedor, se pone del lado del más débil, puesto que su posición de debilidad despierta simpatías entre los votantes, que se movilizan para salvar al partido o al candidato. Un ejemplo claro de este efecto se vivió en las elecciones generales de 1996. Durante la campaña, las encuestas daban entre 10 y 7 puntos de diferencia entre PP y PSOE, pronosticando una clara victoria del PP por mayoría absoluta. Sin embargo, finalmente la diferencia entre ambos fue tan solo de un 1,4%.

El efecto bandwagon, también conocido como efecto bola de nieve o caballo ganador, tiende a producir que los votantes se inclinen o movilicen por la candidatura que las encuestas dan como ganadora. Se produce porque una parte del electorado es proclive a inclinarse por aquellas tendencias mayoritarias. Un ejemplo claro fue el vivido por Podemos tras las elecciones europeas de 2014, donde Podemos se “pone de moda”, moviliza a muchísima población, multiplicando así sus expectativas de voto.

Incluso se comienza a hablar de un tercer efecto, el efecto “carrera de caballos”. Con una serie constante de encuestas, hace que la opinión pública fije su atención en los porcentajes que un partido le recorta a otro, o se aleja, convirtiendo las elecciones legislativas en unas presidenciales de facto, y en una carrera de popularidad entre los líderes. Esto hace que el debate público se centre en esta “carrera”, más que en otras cuestiones de interés, dejando de lado temas importantes como la educación o el empleo.

No obstante, muchas veces este efecto es ficticio, puesto que si tenemos en cuenta el error muestral -lo explicaremos más adelante-, los cambios no suelen ser significativos, ya que las encuestas reflejan variaciones de décimas. Recordemos las últimas elecciones generales del 26 de julio de 2016, todos los días veíamos en los medios de comunicación nuevas encuestas, y el debate era si se había dado ya el sorpasso por parte de Podemos al PSOE o no.

Quizás, la pregunta que más hemos escuchado recientemente es ¿sirven las encuestas?

Hoy en día, tras sonados pronósticos fallidos como los del sorpasso o la derrota del Brexit, se ha instalado en la población la idea que las encuestas no sirven, debido a que fallan en sus pronósticos. Es primordial tener presente que las encuestas no están para predecir los resultados de unas elecciones con exactitud. Sino que su objetivo es dar una foto, más o menos fija, de un momento concreto. Si la encuesta en en serie, es decir, se ha repetido la misma encuesta, con las mismas preguntas, en varias ocasiones, obtenemos la tendencia. Por ejemplo el CIS hace encuestas de intención de voto cada tres meses. La tendencia es la información más importante de las encuestas en serie, ya que nos da la información acerca si la intención de voto de un partido está creciendo, o no.

Antes mencionamos el error muestral. Y es que debemos tener en cuenta que, aunque la encuesta se haya realizado con el mayor rigor metodológico, existe una margen de error, y esto es algo no se puede evitar.

A este margen de error se le conoce como error muestral, y depende en gran medida del tamaño de la muestra, cuanto mayor sea, menor será el error. El error muestral viene reflejado en las fichas técnicas de las encuestas. Por ello, es tan importante conocer estas fichas. Un ejemplo: si tenemos un error muestral de ±5%, y existe un partido con una intención de voto de un 20%, su porcentaje en realidad oscila entre el 15 y el 25%.

También debemos de tener presente que el error muestral se acumula. Veamos como afecta: Imaginemos que una encuesta donde su error muestral es de un ±4%, y se pregunta por un referéndum. En dicha encuesta el tiene un 50%, y el NO un 42%. El porcentaje de electores que elegirían el oscilaría entre un 46 y un 54%, y de los que optarían por el NO entre el 38 y el 46%, por lo que la diferencia entre el y el NO está entre 0 y 8 puntos.

Esta es la clave de porqué tenemos la idea que todas las encuestas fallan. Los medios no publican este error muestral, ya que no les resulta tan atractivo publicar las horquillas en las que se mueve el voto, sino crear esa sensación de competición.

Si algo ha sido criticado es la “cocina”. ¿Qué por qué se “cocinan” los resultados?

cocina de las encuestas

Muchas veces, cuando a los encuestados se les pregunta por su voto, muchos no contestan, contestan “no sabe”, o directamente mienten. El porcentaje de estos encuestados suele ser alto, y si los excluimos a la hora de analizar los resultados podemos sesgar la encuesta. Esto es debido a que hay votantes de ciertos partidos que son más reticentes que otros a la hora de desvelar su voto. Estas personas que no responden no suelen estar repartidos de forma equitativa entre todos los partidos.

Por esto, cuando los analistas intentan conocer la intención de voto del electorado, entra en juego la llamada “cocina”. Normalmente los expertos utilizan información de otras variables de la encuesta -simpatía partidista, valoración de líderes, recuerdo de voto, valoración del gobierno…-, para corregir esa “no respuesta”. Se plantean hipótesis, que tienen que ver con el comportamiento electoral, junto con las variables ya mencionadas, se realizan las predicciones. Esto a día de hoy se ha vuelto mucho más complicado, porque el sistema de partidos ha cambiado en nuestro país en estos últimos años; se ha roto la estabilidad de voto hacia los partidos tradicionales; han aparecido nuevos partidos; hay más población que decide su voto a lo largo de la campaña; etc.

Esto solo han sido unas breves pinceladas del mundo de las encuestas. Espero que la próxima vez que veáis una, la veas con otros ojos. Puesto que lo sorprendente de todo esto, es que con todas las dificultades que tiene realizar una encuesta, estas acierten, aunque no siempre.

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